miércoles, 11 de octubre de 2017

El oro de Nápoles

Viernes 29,


¿pensaban que Vittorio Emanuele no iba a estar en Nápoles?


desde el micrito. El mar Tirreno

Maschio Angioino, Cpnstruido entre 1279 y 1282 por Carlos I de Anjou

Se ve el Vesubio


Hay playa!


Castel dell'Ovo (Castillo del Huevo) en el islote de Megaride, donde presumiblemente desembarcaron los colonos griegos en el siglo VII a.C. Se llama así porque según la leyenda, Virgilio habría escondido en el interior del castillo un huevo que soportaría la estructura del edificio, y que, de romperse, provocaría el hundimiento de la fortaleza.

investigando cómo visitar la Costa por mar

por si no se ubicaban qué tipo de micrito era. Segundo recorrido.

Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.


Basilica dell'INcoronata Madre del Buon Consiglio. La más reciente de las Basílicas de Nápoles, construida en el Siglo XX. Al lado, está el ingreso a las catacumbas de San Genaro, antigua área subterránea. 

Fuente de la Duquesa Elena de Aosta. Excentricidad que mandó a construir en 1939 una tal Elena d'Orleans, miembro de dicha familia real y que por matrimonio fue duquesa de Aosta.
 

Duomo di Napoli o Duomo di Santa Maria Assunta. La primera catedral fue construida por Constantino en el siglo IV. La catedral actual fue levantada por la casa de Anjou y alberga el baptisterio más antiguo de Occidente.


el Duomo por dentro


En la cripta de San Genaro, mausoleo de estilo renacentista, realizado tal vez siguiendo el proyecto de Bramante, están enterrados los restos del patrono de la ciudad (Genaro... sí! ahí se ven los huesos!) y del Papa Inocencio IV.

acá se ve la nuca de Inocencio, rezándole a los restos de Genaro



Otra vez los golpes en la puerta me despertaban. Se ve que ya estoy tan cansada que no hay despertador que aguante porque supuestamente yo lo había puesto pero bueh… o no sonó, o no lo escuché, no sé. Otra vez me despertó mi amiga preguntándome qué tipo de café quería para el desayuno.
Capucino.
Bien, estaba en Nápoles y no podía huir. Cuando estaba planeando el viaje me acuerdo de “pelearme” con todos esos desanimados de redes sociales que proponían que en Nápoles no había nada para ver, o todo se podía hacer en un día… no podía ser. Había anotado muchas cosas para conocer en la ciudad de la tarantela, pero resulta que con eso de no llevar peso demás, no había traído mis anotaciones.
Ok, entonces había que salir a investigar. El fan de Floricienta me había dicho que via Toledo era la calle céntrica y más o menos chusmeando el mapa que tenía había un par de “atracciones” por ahí así que, andando.
Sol, calor… no importa.
Creo que di fácil 4 ó 5 vueltas sobre mi misma manzana. Es increíble el poco poder de ubicación que tengo en Nápoles. Es que tampoco tengo buenos mapas, me parece. A algunos les faltan nombres de algunas calles y la verdad… es una ciudad grande. Acostumbrada quizás a Palermo que no es pequeña pero quizás concentraba muchas cosas para un mismo lado y yo encima estaba cerca de ese lado, esta vez no era el caso. No sólo no estaba cerca de nada sino que tanta calle, callecita, callejón, no hacía más que perderme.
De repente al fin, me vi más o menos encaminada. Me faltaban negocios con chucherías turísticas o ese tipo de pavadas... jamás me cruzaba con algo así. Era muy obvio que estaba atravesando la parte más “viva” de la ciudad, donde la gente vivía, trabajaba, compraba verduras, ropa, muebles.
A via Toledo no llegaba más y ya estaba tomando en serio la idea de subirme a esos micritos que te pasean por la ciudad. Nunca lo había hecho, siempre había “pateado” las calles, pero esta vez me parecía que Nápoles era muy grande y además me acordaba de esa pareja de argentinos que había encontrado en Palermo, que me había dicho que lo re usaban: no sólo para las explicaciones sino como medio de transporte para ir de un lado al otro.
En el largo camino hacia el encuentro con el micrito, me topé con napolitanos, algunos extranjeros y argentinos. Argentinos siempre hay y creo que en Nápoles es donde más vi. Es que cada vez que he dicho que era argentina, sólo acá la gente parece que se ilumina. Como si una viniese del país de las maravillas… no sé. Ya me habían dicho que acá Maradona es Dios, porque acá sí que es Dios, pero también resulta que está el Pipita Higuaín, que yo tenía entendido que alguna macana se había mandado con ellos, pero se ve que no sabía nada.
El pasaje en micrito era un tanto caro, pero realmente valió la pena para dar un buen pantallazo.
Proponían dos recorridos e hice los dos. Uno viajaba más por la “costa” y te llevaba más lejos para que veas que realmente la importancia (porque Nápoles ahora lucirá así, pero fue muy importante: fue capital de su propio Reino!) se la ha dado y aún da su puerto. El otro recorrido se metía por calles más céntricas y subía por calles para después bajarlas y paseaba por teatros, museos… todo empezando desde el famoso Castillo Maschio Angioino o el Castel dell’Ovo (Castillo del huevo). Un hermoso recorrido que traspasaba entre cada obra arquitectónica de tantos años y con tanta historia, por zonas “nuevas” tan humildes y mal tratadas que recordaban cualquier villa miseria de la Capital Federal.
Desde los auriculares que ofrecía el micro y jamás me quitaba, me contaban la historia y algo de lo que ya había leído y emocionado. Por eso también daba tanta lástima el descuido de tan gloriosa ciudad tantos años antes de Maradona. El mismo audio no podía evitar nombrar esos paisajes tan desoladores por los que pasaba el micrito.
Nápoles está emplazado, así sin saber con precisión, en una especie de “montaña” o mejor dicho: como toda Italia, desconoce de llanura. Por eso, por sus enormes dimensiones y por la distancia entre cada cosa a conocer, se hace casi imposible hacerlo caminando.
Lamentablemente no tuve tiempo de bajar y entrar, por ejemplo al museo arqueológico, pero casi al final de la tarde decidí bajarme antes que terminara el último recorrido del micrito y así sí pude caminar algunas calles y por ejemplo entrar a la Catedral y empaparme un poco de su Santo Patrono: San Genaro.
El día ya se terminaba, el sol bajaba y yo tenía que volver a mi guarida porque de noche mi barrio me parecía demasiado feo y realmente quería empezar temprano el día siguiente para aprovecharlo. Ya tenía novedades de mi hermana: parecía finalmente iría a Nápoles el domingo 1 a la mañana así que, dejaría para hacer con ella algo de playa, de la tan conocida Costa Amalfitana. En mi largo viaje de encuentro con el micrito, había llegado hasta el puerto y había sacado foto de los alíscafos que me llevaban por ejemplo, a Sorrento. Ya había decido que como regalo de cumpleaños adelantado quizás, iba a dejar de amarretear e iba a pagar el viaje a alguna playa en barquito y no en Circumvesuviana. Quería ver la costa desde el agua y por lo que había dicho la uruguaya que vivía en España, tampoco era tan caro… tendría que averiguar un poco más cómo y a dónde iríamos pero por lo pronto ya tenía planeados mis próximos y últimos días en Nápoles: Pompeya y Costa.

















No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ciao

Viernes 6, me quedaba sin abrir la galletita de la suerte que me habían regalado en la Feria aquella en Cambridge. Interesante: ...