jueves, 28 de septiembre de 2017

¡Sicilia!

NOTA: de ahora en más para aquellos que no quieren o no pueden leerme y para mi comodidad, las fotos de la jornada en cuestión aparecerán antes del texto. No lloren, después de las imágenes viene mi adorable y eterna redacción. ;)

Sábado 23 de Septiembre


hay que googlearlo


mercadillo... mmmmmm mi piace!

Il duomo

desde el otro wing y con un poco de perspectiva de la plaza

interior: se ve un poco la mezcla de estilos?

el Cristo Pantocrator

Fabuloso. Artistas crearon esta "recreación" del Cristo para que los no videntes puedan apreciar el arte. Me pareció genial. Ojalá se note en la foto las 3 dimensiones.


los novios :O

pranzo... o bueh, comida no sé a qué hora

playa

muelle, pesca... siempre hay un gil


mirá el agua!!! me quería morir!! se me caía la baba!!

lo "lindo" de las selfies con el sol en la cara: no sabes a qué corno le estas sacando



fui a la playa. Girando la cabeza.

girando la cabeza

pintó selfie "cayual" ;) quedó buena, no? chicos, imaginen que es a ojo porque como verán, nadie está mirando qué se encuadra!

a la noche, por la peatonal. Me compré el palito, pero tuve que probarlo. El raro de al lado era el vendedor. 

incidentes en la peatonal... ¿Qué pasó?

¡No sé!

Ya está más que comprobado que no voy a poder hacer ninguna excursión de las que pensaba… así que: me quedaba toda la semana pateando Palermo, o me mandaba yo sola a ver qué onda.
Un tanto tarde, entre la levantada, el desayuno (me trajeron una pava eléctrica, yeah!!, entre las dos teteras con agua “ni” que me había traído, y después de varias charlas sobre lo que es un mate, me entendieron: necesitaba un “bollitore”… una pava). En fin, un poco demasiado cerca del mediodía me fui a la terminal de trenes que no queda nada cerca de mi B&B, pero… tampoco la pavada y así nomás tuve ÉL descubrimiento: resulta que más allá de las boleterías con filas y seres humanos, hay unas maquinitas que antes que nada, ni bien te acercas, te pone diversas banderitas. Elegis la de España y BANG! La gallega mal doblada te va diciendo todo y desde ahí todas las “teclas” están en español. En realidad ya la había visto y de ahí había sacado el pasaje en tren en Roma, para el aeropuerto, pero como tenía mucha gente alrededor y un negro apretaba rápido todas las opciones (supongo que para “ayudar”, supongo para que le de unos mangos) pero bueno, como se imaginan lo había aprendido nada.
Ahora sí, solita con mi máquina, hasta me di el gusto de chequear a qué hora salía cada tren, cuánto costaba y cuántas horas de viaje resultaban hacia cada punto de interés.
Desde que estoy en Sicilia que TAORMINA me está “comiendo” lentamente los oídos. Los que ya fueron, los que escucharon de ella… lo que yo vi en algunas fotos…  pero desde Palermo son 5 horas de tren!! ¿Te parece? ¿Y la vuelta? ¿Cuántas horas debería entonces tener mi día? Bueno, ya lo pensaría. Hoy, no había tiempo. Ya casi mediodía o más.
Listo! Ganó Cefalù: una hora de viaje, una catedral y una playa. Eso sabía.
¡Pero qué belleza por Diorrr!!! Primero, lo mejor: bajé del tren en adorable estación después de tan solo una hora de tren y enseguida mapa gigante de la ciudad, pueblo indicando: USTED ESTÁ AQUÍ. Qué genial esa frase, la amo. Sorry, no soy europea, no ando con el google map online viendo dónde corno estoy. Me bajé por recomendación una aplicación de mapas que funciona sin internet, pero claro: antes te tenes que avivar y cuando tenes wi fi, te descargas un par de mapitas del lugar o algo así y listi… o eso entendí.
Bueh, Cefalù. El 90% éramos turistas y como encima era sábado y soleado, seguro había más gente que de costumbre. Todos turistas está bueno cuando andas sola, porque como dicen muchos: seguís a la multitud y listi! Siempre más o menos todos queremos ver lo mismo… y siempre más o menos todos estamos perdidos… pero juntos es mejor.
Bueh, imposible en la adorable Cefalù. Las pintorescas callecitas estrechas, con tantos balcones bellos, adoquines, negocios de souvenirs o productos típicos, te hacían el recorrido solito. Hacia arriba, hacia abajo; vueltita aca, vueltita allá; foto aquí, foto ahí… de repente estaba en lo que en Europa se llama plaza: un lugar de cemento, quizás con bancos, fuentes o algún puestito, circundado por diversos edificios. Muchas veces y más en Italia, uno de esos edificios, suele ser una Iglesia.
Belleza arquitectónica y patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Otra vez, un excelente ejemplo de esta Sicilia, esta Italia árabe, bizantina, normanda, romana. Otra vez el Cristo Pantocrátor (googleen), bello e imponente… tan Bizantino, tan brilloso, tan… musulmán?  
Similitudes con la Capilla Palatina de ayer… miles, pero acá, estábamos rodeados de ensoñación. Más pueblito, aldea… la plaza, la gente, los edificios quizás no tan viejos o quizás no tan arruinados. Menos autos, más plantas. Como en toda Sicilia: para allá montañas, para acá: el mar.
Hacía calor y tenía un  poco de hambre (y sobre todo ganas de hacer pis) así que después de mi ritual religioso, bellasartístico, me senté en un barcito de esa plaza. Por primera vez en días vi un lindo italiano. De los lindos. No me había dado cuenta que hasta entonces no había visto a ninguno como la gente. Lindo, piola, solo… interesting :P
Muy rica spremuta, baño un tanto sucio. Ah! Me había olvidado de contar que cuando estaba entrando en tan bello monumento histórico, yo que jamás pienso ni he pensando en MI casamiento, juro que pensé: pero qué divino casarse acá!. Fue cuestión de salir de mi visita al Duomo para ver que obviamente mi pensamiento no era único. Ahí llegaban dos autos chetos con tipos en traje y minas vestidas y maquilladas como si fuese la noche pero a las 3 de la tarde! Novios piolas…. Ella no era un merengue, tampoco parece que iban a casarse ahí sino a sacarse fotos con unos amigos y a festejar. Yo también les saqué fotos, por qué no? Después los vi sentados en las mesitas del mismo bar donde estuvo yo, con unas buenas copas de champagne.  Buena idea: ténganla en cuenta ;)
En fin, hora de recorrer callecitas. No me iba a perder: ya había sacado foto al mapa (estuve piolíiiiisima!) y me daba cuenta que era un pequeño lugar. Tanto es asi que como todo lo pequeño y encantador, no hace falta más que dar unos pasos para toparse con otra belleza, esta vez, natural. La costa. Pequeños acantilados, rocas aquí, rocas allá y unos escalones naturales más abajo, arena, gente (quizás demasiada) y el agua cristalina de ese verde y azul tan precioso. Sol, calor… y por qué corno no me traje la malla??!!! Jamás había tenido tantas ganas de meterme al agua. No me había dado cuenta que extrañaba tanto hacer playa. Siempre diciendo, y es verdad, que prefiero las ciudades y demás… lo cierto es que una linda playita, esa agüita tipo pileta… sí! Eso quería!
Bueno, pero no tenía malla, no tenía lonita… tampoco es que necesito sí o sí sombrilla y barrenador para una playa, pero digamos que estaba en zapatillas y después me volvía al tren… no me daba para irme masticando arena. Eso sí que nunca me gustó de la playa.
Algo tenía que encontrar… no sé si una malla, pero un puto mantel de uno o dos euros como para apoyar mi culo y después todo mi ser. Pues eso aquí ya no existe. Entré a cuanto negocio pude y para que no se hiciera tanto más tarde, conseguí un pañuelo souvenir que zafa y mucho como para usar en otras oportunidades y listi… bajé ahí nomás, y casi como si fuese la bristol, me costó encontrar espacio. Se me caía la baba de ver a todas esas gordas y no tanto salir mojadas del agua cristalina… o todas y todos esos otros color Caribe, como el 90% de los que están acá (el verano europeo acaba de terminar). Aunque muchos no lo crean: yo era la de la segunda quincena.  “Mah sí!”, me arremangué el pantaloncete truchongui pero cómodo que tenía, desparramé mi “lonita” de: sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia sicilia Sicilia, me saqué las zapas y a disfrutar un poco.
Un placer. Bajaba el sol y más hermoso aún.
Caminando despacito y por la sombra, volví a la estación de tren donde en poco tiempo salió un tren para volver a Palermo.
Temprano había sacado para mañana domingo, pasajes para Agrigento (antigua ciudad griega), pero me fui pensando que si no podía ir a Taormina en ese único día que me quedaba libre (para el lunes ya había reservado un “tour” a Monreale, muy cerca de Palermo) iba a volver a Cefalù, esta vez con malla.

Era sábado a la noche y toda la calle peatonal  “Via Maqueda” a la que daba mi balcón, lo sabía. Salí a dar unas volteretas entre tumulto de turistas y palermitanos. No tenía intención de nada pero terminé con el bendito palito para selfies y un par de carteras que me vendió un mantero mientras juntaba todo y corría a esconderse. Mientras yo miraba la cartera, sin que yo dijese nada, me iba bajando el precio solito. Jamás hubiese comprado pero tenía necesidad (la última, marca “Carolina Jerrrerua” que me dio mámele fue comprada así) y tenía la imagen de mis amigas, sobre todo de Vale, que mientras miraba las fotos que les mostraba de mi otro viaje a Italia me decía con cara de no entender nada: ¿No te compraste todas??. Bueh, ahora me compré dos… y el palito.
Volví feliz con mi día tan beio, con la catedral, la playa, las callecitas, la joven noche, las carteras, el palito… volví justo como para que mámele me pasara el parte de mis chiquitas que quedaron a su cuidado y después algunos chats con la gente del laburo. Como reencarnación de pastor evangélico y guía turístico, les mandé varios audios diciendo lo bella que era Italia, lo idílico de Sicilia… esa mezcla tan maravillosa para mí de cultura, arte, emplazados en paraísos naturales. Tan bella Italia, tan lindo Palermo… sin musulmanes por ahora. Bastó terminar de decir eso para escuchar más de una sirena, asomarme al balcón y ver dos ambulancias, una chica agarrándose la cabeza, otros chicos hablando con los del “SUM” y la policía y una señora entrando a una de las ambulancias porque quizás adentro y había alguien.
Soy yeta.
Italia… y Sicilia particularmente, bellissime!

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