sábado, 14 de octubre de 2017

Amor a primera VISA

Lunes 2,
mmmmm por supuesto la foto la saqué antes del incidente

Despidiéndome del Vesubio


estos británicos son ordenados hasta desde arriba


casa de sister. La de la puerta blanca

relax. Al fin en una casa: la casa de sister y su sombrero

disfrutando la cocina... y los mates!

los pequeños grandes disfrutes de quien vive lejos de su patria


Sonaron los dos celulares como despertadores no sea cosa nos quedemos dormidas en tierra italiana. Con pereza terminamos de juntar lo que quedaba en la pieza napolitana, desayunamos algunas pavaditas que habíamos dejado y tomamos por última vez el pequeñísimo ascensor.
De las cosas más molestas de este b&b que si no estaba la que limpiaba y daba el desayuno, no había nadie más a quien consultar. A veces te hace falta ese alguien anfitrión a quien pedirle agua para el mate, o preguntarle cómo ir tal o cual lado… o por ejemplo para pedirle llame un taxi. Por suerte estaba hermanita que es deportista y muchísimo más fuerte que yo. Mi valija “grande” (que en realidad era 4 cm más grande que la chiquita) estaba pesadísima. Por más que había encontrado a hermana, no me había podido deshacer de ese peso que no era mío porque ella sólo tenía pequeña mochilita y por ejemplo, frascos de vidrios como el dulce de leche o demás, no pueden llevarse en el equipaje de mano que va en cabina. O sea, todo volvía a mi valija. No había comprado casi nada en Nápoles y tampoco en Palermo, pero quería al fin viajar más liviana… Pues no, Brendita cargó los Jorgito (y menos mal porque ya me tenían harta) y las chocolinas y yo todo lo demás… o sea lo más pesado.  Y no sólo eso, también sumé una bolsa de fragmentos de cerámicos de colores, esos que hermanita había juntado en la playa de Vietri sul mare. De repente se le había despertado su veta artística o artesana… justo ahí. La bolsa fácil pesaba un kilo o un poco más. La puse en la valija que despachaba, en el bolsillo, con la condición que si me excedía de peso, los cerámicos volaban.
Tuvo suerte la borrega, la valija pasó perfecta.
Me iba de Nápoles casi sin suvenires. No había encontrado negocios con turistas más que los de los pueblos vecinos (Sorrento, Pompeya) por suerte al menos había podido comprarme un chupito de Napoli para mi colección. No podía irme sin eso.
En el free shop vi cosas más lindas, pero claro que más caras… de todas formas, como todo free shop, fue muy agradable. Lástima que no pudimos sentarnos a tomar un cafecito. Por primera vez la que quería pedir un café era yo y no Brendis, que es café- adicta.
Otra vez Ryanair. Otra vez bajo el sol, subir con la cartera a pleno y la valija pequeña a punto de reventar, por la pequeña escalerita que ponen para subir al pequeño avión. Yo estaba más adelante que Brenda porque al tener reserva plus, con equipaje en cabina y facturado y elección de asiento, tenía prioridad: o sea, no hacía cola. Y cla… ¡yo había pagado el doble de pasaje!
Era la tercera vez que subía a un avioncito y la segunda en Ryanair, pero la primera que la tripulación era inglesa o sea: alcornoques más papistas que el Papa. El rubio con acento británico y camisa ajustada por los músculos me frenó ni bien le mostré el celular con el boarding pass. “¿Y el impreso con el chequeo de la Visa?”. ¿Lo qué? Mi querido, yo hice todo lo que me dijeron, pasé 50 chequeos antes de subir esta escalerita del avión, de qué carajo de me hablas!
Al rato, con Brendita incluida éramos 4 apartados, en un rincón del pequeño avión mientras todos los demás pasajeros terminaban de acomodarse en sus asientos. ¿Para qué carajo la prioridad si me haces pasar ese papelón? Estaba que volaba de la calentura y el otro que había quedado varado después de mí, me potenciaba. Que el papelito, que la constancia, que la visa… que para qué carajo nos dejaban hacer el check in online, o sea sin papeles si después me van a pedir la hojita!! Y por qué?? Brenda, no sé si por simpatía con los ingleses o porque le daba realmente vergüenza, trataba de frenarme. Yo, indignada, estaba a punto de hacer un escrache en pleno vuelo.
Parece que los 4 parias, estábamos ahí porque no pertenecíamos a la Unión Europea (¿qué se hacen los fans de la UE los ingleses si votaron para irse?) y por ende, la aerolínea… perdón, la aerolínea con tripulación inglesa porque yo ya me había tomado Ryanair de Roma a Palermo y nadie me hizo drama alguno, solicita que nos, LOS OTROS, pasemos por un sector particular antes del check in, para que chequeen si necesitamos o no visa para vitar países de la UE, o quizás sólo U.K y así nos sellen el bendito boarding pass que por ende, debe estar impreso y no en el celular como llevaba el resto del mundo y como yo había llevado hasta ese bendito vuelo.
El rubio sorete había solucionado todo, poniendo buena onda, diciendo “seguro no va a haber problema”, había mandado a llamar a no sé quién que controlaba ese temita para que dijese si podíamos viajar o no. ¿Estas crazy? Dios mío. Qué papelón, qué pérdida de tiempo, qué idiotez. Ya estábamos adentro del avión!! Nos habían revisado y pedido el pasaporte 4 veces, nos habían pedido el boarding pass, mi valija ya estaba seguro más cómoda que yo dentro del avión…
Unos minutos después apareció Pepita, con sus auriculares y dos papelitos y le dijo prácticamente al rubio que se dejara de romper las pelotas, que estaba todo bien, que se deje de joder. Así, el australiano, el canadiense y las dos argentas, nos fuimos a sentar. Yo, con una calentura que volaba. Después de unos segundos, como soy géminis o como soy yo, ya me estaba calmando y recordaba cómo una hora atrás, mientras despachaba la valija, escuchaba que un tano osaba preguntar a otro compañero si argentina necesitaba visa para entrar a Inglaterra. ¿Lo qué? Pero mi amooooorrrrr, yo puedo viajar libremente! Qué me tratas de narcotraficante o parte del ISIS?! De repente me había llegado el orgullo patrio que jamás hubiese sospechado que tenía. “No, no necesito visa” le decía yo al despachante y él que seguía con dudas, miraba a un compañero esperando una respuesta que aceptara más. “No! No necesita un argentino visa.”, “Perché?” “Perché?” seguía diciéndoles ofendidísima hasta que el otro tano le dijo a su compañero que no necesitaba y se quedó más tranquilo. “Es que algunos países necesitan visa para entrar a Inglaterra”, me decía el chico y yo, superada, olvidándome que para EEUU, Emiratos, Canadá sí necesito visa, le retrucaba: “no, no, nosotros podemos viajar libremente por el mundo”.
Por dios. Tratarme de no querida por el mundo. Habrase visto. Qué falta de respeto. Qué irreverente… y después el inglesito. Uf…
Bueh, parece que en UK quieren certificar por enésima vez que vos sos un viajante que no tiene nada que ocultar y puede ingresar a su bendita isla. Ese bardo nos lo hacen a nos, los argentos, al canadiense, al australiano… ahora, me encanta porque les re sirve ese cuidado, por eso tienen un ataque terrorista cada dos semanas. En fin, cosas que no hacen bien.
Tres horas después del incidente y después de intentar dormir un poco en ese asiento incómodo, con un gordo que roncaba al lado, aterrizamos en London Stansted, el aeropuerto de Londres más cercano a Cambridge.
Era más del mediodía, bastante más.
Juntamos las cosas y nos fuimos a los rajes para no perdernos el tren que sale del mismo aeropuerto.
Una hora después estábamos en la terminal que supuestamente había cambiado mucho desde mi última vez, pero de lo cual no me podía percatar porque como la última vez, me estaba congelando en Cambridge.
Nubes, frío, viento. Orden, limpieza. Había dejado Italia: estaba en Inglaterra.
Supuestamente la casa de sister estaba cerca de la terminal, aunque a mí no me pareció tan así. Quizás el cansancio, quizás el frío, quizás el peso de todo lo que yo llevaba encima… quizás por todo eso junto.
La casa nueva de hermana, la que comparte con dos chicas y dos chicos más, es muy british. “Victoriana”, me dijo. Está en un barrio muy bonito, con todas casitas iguales que parece no las pueden modificar en su exterior justamente por el valor histórico.
“Sacate los zapatos para no ensuciar” me dijo sister ni bien entramos y eso no me gustó, pero bueh.
Cocina comer amplia, un pequeño patiecito verde con algunas bicis, un living ocupado interinamente (supuestamente) por un ex room mate y la escalera forrada en alfombra. Baño grande con bañera gigante, como con hidromasaje o algo raro y un sector ducha. Otro pequeño baño solamente con inodoro y una bacha. La puerta de una habitación y la puerta de la habitación de hermana. Con ventana grande al frente, cama mucho más grande, placard, escritorio… muy linda. Muy acogedora y grande. También había otra escalera que daba a otras dos habitaciones supongo, no subí.
Me prestó un pullover y me abrigué un poco más con lo poco que tenía para ello y bajamos descalzas a tomar unos mates y “desayunar” a las 4 de la tarde. Casi entre lágrimas, hermanita degustó un alfajor de maicena que le habían mandado padres. Y todavía seguía preguntándome qué podría hacer para su cumpleaños… que es mañana.
En Nápoles me había dicho que había pensado ir conmigo a Londres a ver una obra de teatro musical… o quizás eso era muy cortante con sus amigos, quizás mejor una reunión en su nueva casa, pero entonces a quién invitaba, qué hacía… todo lo mismo una y otra vez. No había posibilidad de decisión. Jamás la pude ayudar a decidir algo, esta vez no iba a ser la primera.
Al fin tomé unos ricos mates, con yerba rica, unos cuantos. Al fin.
Decidimos sí entonces, y porque yo tomé la iniciativa, ir a hacer un poco de shopping antes que los británicos nos cerrasen todos los negocios a las 6 de la tarde.
En el medio, detalle más, detalles menos, como quien no quiere la cosa me enteré que tenía cuñado inglés… y que tenía ganas de invitarnos a cenar en su casa, a pesar de su pierna quebrada.
Bueh, mirá vos. Ese “amigo”, resulta que era el novio, que vivía no tan lejos, con un amigo inglés y su novia, que no era otra que la famosa (para la flia) “Merve”, la turca, y otra más.
Pasamos por el infaltable Primark donde compré quizás todo lo que no había comprado ni en Sicilia ni en Nápoles, también por el famoso “Poundland” donde todo sale 1 ó 2 libras y donde compré también bastante. Conseguí encargar los Chromecast que en realidad era lo único que debía comprar sí o sí y volvimos.
Me cambié, me abrigué lo más que podía y salí entonces a cenar en la casa de mi nuevo cuñado. Qué tul?
Simon, que tanto me hizo acordar a Huguito, nos esperaba con unas pastas. Nosotras habíamos llevado un pesto que había comprado Brendis en el freeshop de Nápoles y un vino. Él nos esperaba con uno espaguetis, porque ya había sido avisado que yo era más que jodida con la comida.
Tenía una pierna con una férula y andaba o saltando o con muletas así que “tratamos” de ayudar. Bromas más tarde, parece que nos estaba esperando a cenar a las 6 pm como cenan ellos y no a las casi 9 como fuimos las argentas.
Vino, pastas… más tarde apareció la famosa Merve con quien hablé un poco del Imperio otomano y de Suleimán y su novio Ben que parecía de 18 años. También había otra que no entendí quién era. Todos en patas. Yo también.
Muy simpático mi cuñado british no dudó en ofrecerme y hacerme un té con miel y limón y no sé qué cuando me escuchó toser. Me lo dio dos segundos antes de servir la pasta… no entendí muy bien si tenía que cenar con el té o qué. Tampoco dudó y sin tapujos me dijo delante de su novia que YO hablaba inglés mejor que ella. Bueh… me cayó excelente.
Aunque a las 12 ya era el cumple de hermana, estábamos en Inglaterra y así como parece cenan a las 5 pm, se van a dormir a las 10, así que a eso de las 11, nos fuimos para dejarlos dormir.
No sé si estaba más contento el cuñado o hermanita por la linda cena que habíamos tenido, charloteando en mi brillante inglés ;)



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