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| gelato frente a la Catedral de Palermo |
| Antes de subir a buscar "Il Duomo", Monreale |
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| tenía que seguir subiendo |
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| la vista hacia abajo... excelente |
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| me copé y tengo palito |
| ese es el Duomo... a la vuelta, la puerta de entrada |
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| desde afuera, desde la plaza: il Duomo di Monreale. De afuera no aparenta lo que es. |
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| Me ne vado |
En mi desayuno, súbitamente se me apareció Armando
preguntando dónde había estado, que se había asustado. Le conté lo de Cefalù y
lo de los trenes “cancellati”. Él mientras seguía buscándome excursiones, pero
siempre que llamaba (parece que hay una
sola agencia que hace excursiones) volvían a decirle: no, no hay nada.
Don’t Worry, Armand… hoy ya tenía el plan de Monreale. La
verdad que sentía que me cortaba todo el día. A las tres tenía que estar en tal
parque para subir a esos micritos semi abiertos… o sea, no me podía tomar el
tren a ningún otro lado. Ese día sería para Monreale… que está bien, porque ya
a esta altura me sé de memoria la historia de las mezquitas transformadas en
iglesias… y las “invasiones” de otras culturas y ya. Además, está bien porque
si había algo sobre lo cual había realmente leído bien, era justamente sobre el
Duomo de Monreale. ¡Si habré pasado mis últimas noches antes de tomar el avión,
buscando en el diccionario italiano- español, palabras técnicas de la
arquitectura y el arte sacro!
En fin, con el plan ya armado y recordando que no es una
carrera sino mis benditas vacaciones, creo que dormí al menos 6 horas corridas,
desayuné con la CNN en inglés y Armando en italiano, tomé unos mates y salí.
Tranquila, porque había tiempo y ya había corrido bastante
otros días. Paseé por las calles de siempre y como realmente se me había hecho
demasiado temprano, cuando llegué al lugar desde donde partía, me di el lujito
de un gelato enfrente de la Catedral de Palermo que parece es una especie de 8
y 48 en los 90’s cuando todo el pendejerío nos íbamos a hacer “rostro” ahí.
Se me había hecho demasiado temprano, pero no quería irme
muy lejos. ¿Y si llegaba tarde y me perdía la excursión ya paga?
Después de un buen relax en el hermoso oasis verde de
Palermo, llegó la hora y a los pocos minutos apareció el micrito. Me
preguntaron qué idioma quería y dije español, pero parece la chica de uniforme
colorido que acompañaba al chofer del micro, se olvidó fácil porque al momento
de repartirnos las audio guías me di cuenta que la mía estaba configurada en
italiano. “Va bene!”, de paso practico.
Empezamos a andar y a las tres o cuatro cuadras ya el
panorama pintaba lentusqui. Día laborable en Italia = caos de tráfico. De
repente recordé mi país, mi ciudad… empecé a mirar esos otros autos con gente,
ya no con mi mirada de turista sino con una visión un tanto más… práctica.
“Esta gente pensar que está yendo o volviendo del laburo, o buscando a los
pibes del colegio… viviendo la vida cotidiana”. Vida que podía ser la mía una
semana atrás. La mirada compasiva me duró sólo unos minutitos porque después ya
quería que se maten todos, que se corran, que se pongan las pilas, que se
apuren… que yo llegaba tarde a mi objetivo en las afueras de la capital. Parece
que también comenzó a “alterarse” la chica de uniforme porque viendo que se nos
atrasaba bastante la cosa, no se le ocurrió mejor idea que entretenernos con la
explicación del Duomo. Primero nos había pasado la explicación de las
Catacumbas de los Capuchinos, pero tenía sentido porque estábamos justo pasando
por esa puerta entonces estaba bueno imaginarse que adentro de eso que veíamos
de afuera, estaba lleno de cadáveres demasiado bien conservados. Ahora, el
audio del por qué de tal moldura en los portales de Monreale mientras veía cómo
se sacaba un moco la que manejaba ese Fiat… como que no ayudaba. Escuchar de los
primeros árabes construyendo una mezquita,
mientras escuchaba de fondo bocinas y cómo esa moto serpenteaba para
zafar del semáforo… como que no tenía mucho que ver.
Así fue entonces nuestra ida a Monreale. Ruidosa, confusa,
en italiano, lenta… pero llegamos. Nos despojaron de las audio guías (¿Cómo? ¿Y
ahora cómo corno me acuerdo todo lo que escuché pero en su verdadero contexto?)
y nos dijeron en un malísimo inglés con acento italiano, que a tal hora nos
esperaban en esa rotondita. Nos dijeron que la catedral estaba subiendo esa
calle, allá arriba… y listo. En banda.
Otra vez Italia hacía temblar mis pantorrillas subiendo y
subiendo. ¡Pero qué bello se veía desde ahí! Mar azul, montaña, casitas… hacia
abajo, hacia arriba. Qué belleza.
Cuando terminé de subir me di un par de vueltas tratando de
recordar visualmente el camino para la vuelta y me topé con el Duomo y el
gentío. Otra vez una gran plaza de cemento a sus pies, bares, mesitas, fuente y
negocios con suvenires. La entrada era gratis, pero la audio guía, si es que me
la daban por el horario, era paga. También el “mapita” de la planta del Duomo
que compré con el mismo gusto que he comprado tantos, aunque después rara vez
me dedique a seguirlo estrictamente. Por supuesto también pagué la audio guía
que me dieron porque dejé mi DNI: otra vez esa de no poder tener audio guía por
no tener documentación no me pasaba.
Habíamos tardado tanto en llegar al lugar que no había tanto
tiempo. A las 6 tenía que devolver la guía que al final de tan apurada no me
estaba sirviendo, si no, se quedaban con mi hermoso DNI argento. Fotos, video,
selfies… era como la capilla palatina del palacio real pero en tamaño gigante. Se
podía ver toda esa historia que había leído y escuchado: el Cristo Pantocrátor,
los colores brillantes, los arcos musulmanes, los dejos de antigua mezquita,
los frescos, las maderas, los mármoles. Una joya en sí misma, enclavada en un
lugar que no había tiempo para recorrer pero que era obvio giraba en torno a
ella, la Catedral.
Volví a ser documentada otra vez afuera. Me hice de mis
estampitas para mí, para mi tía y di rápido un par de vueltitas por los puestos
de “turistadas” porque ya se hacía la hora de bajar todo lo subido para
reencontrarme con el micro, y no podía dejar Monreale sin el acopio de su
correspondiente chupito.
Mi bajada fue casi literalmente en picada. Ni tiempo de
volver a apreciar el paisaje que tanto me había gustado. No quería perderme el
micro y quedarme ahí sola.
La vuelta fue más rápida y por otro lado. Tal es así que
esta vez no me dejaron en aquel parque de donde habíamos salido sino a muy pocas
cuadras de mi hermoso b & b. Me dejaban en el mismo lugar donde me había
dejado el micro que me llevó del aeropuerto a la ciudad, así que hice casi las
mismas cuadras pero esta vez sin arrastrar las pesadas valijas.
Otra vez volví a entrar en cuanto local pude o me interesó. Tampoco
entré a todos, ya era de tardecita y no quería hacer mucha trasnoche: quedaba poco
tiempo en Sicilia, demasiado poco y muchas cosas por ver.
Esa noche, con varios papeles
sobre mi gigante cama del “Porta Maqueda B&B”, meditando en el balcón y con los horarios de los trenes en el
celular, terminé de decidir que en mi último día entero en aquella fabulosa
isla, iría a Taormina. No podía no ir ahí. ¡A tantos les había gustado!







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